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Camino de la Lengua II

Sato Domingo de Silos.

 
 »   Descripción:
Es un bello pueblecito que nació agrupado en torno a su monasterio. Posee un interesante caserío de piedra, con varias casas blasonadas y una iglesia parroquial inacabada, con retablo barroco del siglo XVII. Pero el monumento más importante es el monasterio benedictino de Santo Domingo de Silos, ligado también al nacimiento escrito de la lengua castellana. Posee una magna biblioteca con 60.000 volúmenes, con importantes libros, entre los que destacan algunos textos latinos, que llevan escritas en sus márgenes notas aclaratorias en romance, de finales del siglo XI. Son las llamadas Glosas Silenses, escritas en un homiliario, hoy en el Museo Británico, y en otros dos libros religiosos del monasterio.

De antecedentes eremíticos visigodos, se sabe que fue refundado por el Conde Fernán González, que le otorgaba fueros en 954. Las excavaciones arqueológicas han descubierto la existencia de un edificio mozárabe. En el siglo XI, Fernando I envía como abad a Domingo de Cañas, para que reorganizara el cenobio, labor que fue continuada por su sucesor Fortunio, constructor del templo románico en 1088. En el siglo XII cambió su advocación de San Sebastián, por la actual de Santo Domingo de Silos en honor de su santo abad.

Sin embargo, el templo actual es obra neoclásica de 1751 – 1792, construido por Antonio Machuca, según planos de Ventura Rodríguez. Es una iglesia solemne y monumental, en la cual retumban con emoción los cantos gregorianos de sus monjes en determinadas ceremonias litúrgicas, pues el monasterio es uno de los cenobios benedictinos europeos que mejor conservan esta bella muestra de la espiritualidad medieval. La actual antesacristía es románica. Conserva las cadenas de los cautivos liberados por la intercesión del Santo.

La sacristía es de 1596. Al fondo se encuentra la barroca Capilla de Santo Domingo, de 1732 – 1733, de planta poligonal, en la que hay pinturas del mercedario Gregorio Barambio y una urna con tabernáculo barroco, en la que se encuentra el cuerpo del santo. Encima hay tres coronas de plata enviadas por fray Juan de Vítores desde Trujillo (Perú).

La Puerta de las Vírgenes, románica de hacia 1120, nos da paso al fantástico claustro románico de dos pisos centrado por el famoso ciprés cantado por Gerardo Diego. Sus capiteles son de una bellísima factura, realizados por varios maestros, entre los que aparecen escenas religiosas, finos vegetales entrelazados, animales fabulosos, muchos de ellos con una técnica que recuerda la de la eboraria musulmana. En los machones hay grandes relieves con temas del Nuevo Testamento. A finales del siglo XII se tallaron los dedicados a la Anunciación y al Árbol de Jessé, animados por un mayor sentimiento humano. El claustro forma parte del Museo. Se puede admirar el primitivo sepulcro gótico del santo. También una de las grandes planchas en cobre esmaltado, que junto a la conservada en el Museo de Burgos cerraban su tumba, restos románicos de las excavaciones como un magnífico tímpano, una página mozárabe, etc. Se conserva la botica de 1705, con un completo mobiliario de frascos y artilugios para sus funciones. Interesante es poder contemplar la planta de la iglesia románica, situada debajo del templo neoclásico.

En su entorno, se puede visitar La Yecla. Es un angosto desfiladero tallado por el río en la montaña que se puede recorrer a pie por una pasarela. A las afueras hay un área recreativa.

Vida de Domingo de Silos:
Santo Domingo de Silos nació en Cañas (La Rioja) en torno al año 1019. Estudió en Calahorra y se ordenó sacerdote. Tuvo una fase de eremita en la sierra de Cameros y de monje cenobita en el monasterio de San Millán de la Cogolla. Era prior del mismo, cuando el rey García de Navarra lo destierra a Burgos, por un conflicto de jurisdicción económica. El rey Fernando I de Castilla le nombra abad de Silos en 1040 y se encarga de reorganizar el monasterio en los aspectos económicos, religiosos y constructivos, de manera que, a su muerte en 1073, el mismo se había convertido en uno de los más florecientes de la orden benedictina. En torno suyo se tejen distintas leyendas, como la de la aparición de las tres coronas, o la de la redención de cautivos de los musulmanes, cuyas cadenas se hallan en el monasterio, y que fueron codificados por el monje Pedro Marín en el siglo XIII en los "“iráculos Romanzados”. Gonzalo de Berceo nos ha dejado bellas líneas escritas en torno al santo.

El taller de esmaltes silenses:
En la Abadía de Silos funcionó un taller en el siglo XII en el que se hicieron bellos objetos litúrgicos de metalistería esmaltada, que influyó en obras posteriores de dentro y fuera de España. No parece que fuera muy prolífico, pero en cambio tenía una gran calidad. Las piezas se hacen en cobre, con algunos elementos cincelados en relieve y se decoran con cabujones y esmaltes en tonos azules y verdes preponderantes, junto con algún rojo. En esta técnica se hicieron el frontal y la tapa de la urna de Santo Domingo, el primero hoy en el Museo de Burgos, y el segundo conservado en el propio monasterio. Hay también varias arquetas en el Museo de Burgos y en el Museo Arqueológico Nacional. Otra de gran belleza con un Cristo Juez y un Calvario, entre apóstoles, se halla también en el cenobio. Además, es digno de citar aquí el báculo hallado en 1960 al exhumar los restos del abad juan II de Silos, muerto en 1198.

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